La tierra sin mal correntina tine forma disímiles de manisfestar su religión más íntima, los elementos presentes... el agua y las muertes cotidianas, los nombres anónimos de una tierra arrazada por el olvido.

Y en la boca abierta de la tormenta el sol escupe su pequeña lengua de fuego, arrojando un jinete hacia lo virginal de la tierra... ardiente del sin-tiempo.

La tarde entonces sobre el viejo edificio, sonroja la última lágrima de un pueblo que sigue fabricando certezas... a pesar del mundo y sus fantasmas.
